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Jeff koons o la soportable levedad del ser

Koons_pJeff koons estuvo en Bilbao, como viene a ser habitual para cualquier artista que se precie, desde que existe el Guggenheim, a rendir pleitesía en nuestro templo del arte. Esta vez con mucha razón ya que el Guggenheim y también Bilbao (una de sus obras, Puppy es uno de los emblemas del museo y la ciudad), han sido capitales en la valorización y proyección de su obra.

Jeff Koons es actualmente uno de los artistas vivos más valorados por el mercado (la crítica es tema aparte), y una de sus esculturas (Ballon Dog Orange) fue  subastada en 2013 por más de 58 millones de dólares. Las razones de su éxito, tanto artístico como económico, están, a mi parecer, bastante claras. Koons representa nuestra época como nadie. Como anteriormente lo pudieron hacer los impresionistas, las vanguardias o el arte pop, Koons entronca con su tiempo, respira su esencia y nos lo devuelve transformado en obra de arte. Y la esencia de ese tiempo que vivimos, nos guste o no, es la banalidad y el falso brillo, como el que despiden sus lustrosas esculturas que reproducen a la perfección hinchables en acero inoxidable super-pulido.

La banalidad es tan difícil de representar como cualquier otro concepto, incluso más, porque las ideas románticas o realistas, por ejemplo, nos crean enseguida imágenes de gran fuerza en la imaginación, pero recrear, precisamente, la falta de esencia de nuestro tiempo requiere un gran esfuerzo. Jeff Koons lo logra a través de objetos de la vida cotidiana ( como las aspiradoras) que recoloca siguiendo la tradición del ready-made de Duchamp, convirtiéndolas en obras de arte, por el mero hecho de que el artista así lo considera. Retoma además figuras de mercadillos o hinchables para reconvertirlos, cambiando su tamaño o material para que nos enfrentemos a ellos como esculturas en la galería.

La banalidad nos rodea, nos provoca, nos incita, a través de un mundo que se ha desprendido de los valores y vende, a través de los medios de comunicación un mundo supérfluo y volátil, donde todo cambia a una gran velocidad, sin permitir que nada permanezca, y nosotros participamos de esa banalidad y la difundimos a través de las redes sociales.

Jeff Koons estuvo en Bilbao y no se comportó como un artista inaccesible, muy al contrario es una gran relaciones públicas de si mismo y de su obra, amable, agradecido a sus mentores y patrocinadores, cómodo en su papel mediático y animal de marketing como exige el mundo del arte actual, en le que se mueve como pez en el agua.

Puede gustar más o menos. El artista pide que nos acerquemos a su obra sin prejuicios y como algo que no nos sea ajeno, sino que veamos el arte como algo natural que nos rodea. De hecho es una de las pocas exposiciones en las que se permite la realización de fotografías por parte del público (para uso personal y sin flash, nos indican). Jeff Koons nos devuelve un espejo de la realidad actual en el que podemos reflejarnos (incluso físicamente, debido al pulido de muchas de sus obras), tanto para divertirnos, reírnos de nosotros mismos o reflexionar.

Globos brillantes llenos de aire, convertidos en esculturas de acero pulido y pintado, para que no olvidemos nuestro vacío interior que nos recuerda que del aire venimos y en aire nos convertiremos, si, …pero, parafraseando a Quevedo,  en aire enamorado.

Para más información: Jeff Koons · Guggenheim Bilbao

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