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Renoir vs. Pollock en Bilbao

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renoir-pollock_pLos que vivimos en el entorno de Bilbao tenemos la suerte de disfrutar de la sana competencia que existe entre el Museo de Bellas Artes y el Guggenheim. Este año coinciden en el tiempo dos magnificas exposiciones que nos pueden ayudar a comprender mejor el desarrollo de la representación gráfica. Me refiero a la de Renoir:Intimidad en el Museo de Bellas Artes (07/02/17-15/05/17) y a la de Expresionismo Abstracto en el Guggenheim (03/02/17-04/06/17). Los amantes del diseño no podemos perdérnoslas.

Inicio y final de un viaje

La irrupción de los impresionistas al final del siglo XIX significó una ruptura con el arte de la representación gráfica previo. Si hasta entonces el cuadro era un espacio narrativo, donde los elementos estaban al servicio de la representación objetiva, ya fuera de un mundo real o de un mundo literario o religioso, a partir de ese momento los elementos formales y teóricos empezaron a coger una mayor importancia.

En el caso de los impresionistas, la importancia de captar el momento, la luz y los elementos relacionados con los sentidos pesaban más que la exactitud con la que el elemento representado era llevado al cuadro. Ya no era una imagen de la realidad o la ficción lo que se transmitía, sino una sensación de esa realidad o narración. El punto de interés pasa entonces de lo representado al punto de vista del artista, a la subjetividad con la que capta la escena. El artista, su estilo, pasa a ser, entonces lo importante.

Las funciones previas del arte, como las decorativas, las narrativas o incluso las míticas del arte religioso, quedan en un segundo plano. Este inicio de viaje de lo objetivo a lo subjetivo, del mundo al yo del artista, de la función de representación a la función sensorial primero y luego de expresión del mundo interior, tendrá después de un largo periplo por multitud de movimientos e ismos un final en el expresionismo abstracto, que consagra el cuadro como objeto con valor en sí mismo y con valor siempre que se apoye en un contexto de teoría que lo avale.

Un desarrollo social, técnico y del mundo artístico

No es ajeno a esta transformación del arte el desarrollo tecnológico y la revolución industrial. El nacimiento de técnicas mecánico-químicas como la fotografía o el cine supuso la disponibilidad de medios de representación y narrativos que podían recoger mejor la representación objetiva y sus funciones de comunicación y, que, paradójicamente, liberaron al arte de la obligación de hacerlo. Por otro lado, los pintores que hasta entonces estaban regidos por una férrea disciplina gremial en el que necesitaban la validación de las diversas academias nacionales, para darse a conocer y poder vender, se organizaban ahora en cenáculos y camarillas, alrededor de las tertulias y cafés parisinos, para decidir, ellos mismos, lo que era válido o no y exponerlo mediante manifiestos. Este mundo se rodearía además de un círculo de galerías, marchantes  compradores de alto poder adquisitivo que, poco a poco, convirtieron el arte en un nuevo medio de inversión, hasta llegar al absurdo, de hoy en día, de que el destino de los cuadros sean las cajas de seguridad de los bancos.

Del impresionismo al expresionismo abstracto y de París a Nueva York

Este nuevo rumbo del arte que nació y se desarrolló principalmente en París, a través de las vanguardias clásicas, fue reflejo también de la pujanza económica y política de Europa. Pujanza que se perdió definitivamente tras la devastación de la II Guerra Mundial y que dio paso al nacimiento como potencia hegemónica, en el mundo occidental de los EEUU. Como efecto colateral el epicentro del mundo del arte se trasladó de París a Nueva York y sus vanguardias cambiaron los cafés de Montparnasse por los los de Greenwich Village.  Los esquemas se transmitieron miméticamente y al círculo de las camarillas artísticas se superpuso el de las galerías y compradores que “descubrían” a los artistas bohemios y los coronaban como nuevos reyes de la escena artística, con la consiguiente recogida de beneficios.

A nivel estético el viaje principal había terminado. El cuadro ya no representaba al mundo exterior, fuera este real o imaginado, sino que era una imagen del impulso creativo del artista, de su energía interior, sin ninguna referencia figurativa ni simbólica. La validez del mismo se basaba ya en su propia energía y, cada vez más, en el contexto teórico que acompañaba a la obra.

Mirar, absorber, ¿comprender?

Al final todo arte se relaciona con la sociedad que lo produce, por tanto es importante conocer su contexto histórico y el de las personas que lo desarrollaron, pero a partir de ahí, ¿es necesario comprenderlo? Yo prefiero pasearme por las exposiciones con los poros bien abiertos para tener un disfrute meramente sensorial , estético y personal, en el que sean las obras las que me “hablen”. Algunas nos conmueven, motivan, intrigan o excitan y otras nos dejan fríos. Esta reflexión nos sirve para ambas exposiciones donde debemos acudir a conocer y a disfrutar, de primera mano, aprovechando esta oportunidad que nos brindan los museos bilbaínos.

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